Libre de Dependencias
¡Hola! Soy Lupita y soy neurótica. Comparto mi experiencia con el tema «Libre de dependencias».
Antes de conocer los grupos de autoayuda, tenía mucha dependencia a mi esposo y hacia las demás personas; sentía más la necesidad de ser aprobada, de sentir cariño. Inicié en un grupo de Familias Anónimas pensando que el problema de todo eran los problemas con el juego de mi esposo y el alcohol.
Nunca me sentí identificada en ese grupo; al contrario, el victimizarme creció en mí. Después, por primera vez acudí a un grupo presencial de neuróticos, y el escuchar la primera junta y ver el reflejo me dio miedo seguir porque escuchaba que ser como soy era un problema, y no regresé.
Mis problemas aumentaron; mi dependencia hacia todo crecía cada vez más. Continuaba en Familias Anónimas y solo con el conocimiento de los 12 pasos trataba de seguir. Llegó un momento en que el dejar de trabajar para una empresa y emprender el negocio que tenemos ahora hizo que tuviera que empezar a hacer cosas sola, sin la instrucción de alguien más, y no podía estar preguntando todo a mi esposo porque se molestaba y siempre me repetía que no debía depender de él, siempre; y siempre me molestaba que me dijera que parecía que no podía hacer nada sin preguntar.
Con dolor empecé a hacer cosas por mí misma, cosas para el negocio. Empecé a salir a comprar yo sola, a invertir en un negocio que era mío; sabía que dependía de lo que comprara, que el negocio diera ganancias, así que debí empezar a enfocarme en eso y poco a poco he dejado de pedir opinión o aprobación muchas veces de todo lo que hacía.
Hoy no soy independiente, aún tengo muchas dependencias emocionales, aún no puedo sentirme bien conmigo misma; al vestirme siempre pregunto si está bien así, si me veo bien así, y a veces mi esposo me dice que no y no me gusta, odio que me diga eso porque yo quiero escuchar que así está bien. Y a pesar de eso, aunque me enoja demasiado, mi dependencia y necesidad de aprobación siempre me hacen preguntarle lo que debo hacer, si así está bien o está mal.
Hoy, por primera vez, estoy viviendo un día a la vez, viviendo 24 horas del día sabiendo que solo es «hoy», reconociendo que no puedo controlar mis emociones y que acepto ser una persona neurótica. Llevo un poco más de un mes en el grupo Aprendiendo a Vivir y hoy he podido aprender a reconocer que tengo problemas emocionales, y creo que con ayuda del grupo, apadrinamiento y finalmente siguiendo un programa puedo llegar algún día a ser «libre de dependencias».
Buenas tardes, mi nombre es David y soy neurótico.
Me gustaría compartir un poco de mi experiencia con respecto a las dependencias.
Desde niño fui una persona muy insegura, con baja autoestima y, de alguna manera, demasiado protegido por mi madre. A ella le preocupaba mucho que sus hijos sufrieran lo que ella había sufrido.
Ella me decía prácticamente todo lo que tenía que hacer y yo me sentía seguro bajo su protección. El problema fue que crecí sin desarrollar las herramientas necesarias para enfrentar muchas situaciones por mí mismo. Me costaba mucho integrarme, tomar decisiones y enfrentar mis miedos. Me fui convirtiendo en una persona extremadamente dependiente e insegura.
Cuando conocí el alcohol encontré algo que, al principio, parecía ayudarme. El alcohol me hacía sentir diferente: me volvía más extrovertido, podía platicar con las personas, acercarme a las mujeres y sentía que podía hacer muchas cosas que normalmente me costaban muchísimo trabajo.
Pero aquello solamente era una ilusión.
Lo que realmente estaba haciendo era fugarme de mi realidad. El alcohol no solucionaba mis inseguridades ni mis miedos; simplemente me permitía no sentirlos durante un tiempo. Pero yo no lo entendía. Lo único que sabía era que cuando tomaba me sentía bien.
Con el tiempo, mi forma de vivir me llevó a tocar fondo. Me fui alejando cada vez más de mi Poder Superior y mis dependencias se fueron convirtiendo en cosas mundanas y terrenales: las parejas, el alcohol, el dinero, el sexo y otras cosas de las que esperaba obtener seguridad, satisfacción o tranquilidad.
Pero mientras más dependía de esas cosas, más me alejaba de mí mismo y de mi Poder Superior. Esa forma de vivir me estaba llevando a la autodestrucción.
Hoy puedo reconocer que muchas de mis dependencias no comenzaron simplemente con aquello de lo que dependía, sino con una necesidad mucho más profunda: la necesidad de sentirme seguro, aceptado, querido y capaz de enfrentar la vida.
Y no quiero mentirles: sigo luchando contra mis dependencias. Algunas he logrado eliminarlas y con otras todavía estoy en proceso de recuperación. No es una tarea fácil.
Sinceramente, no sé si algún día podré decirles que estoy completamente libre de todas mis dependencias y que únicamente dependo de mi Poder Superior, como nos sugiere nuestro programa.
Pero sí puedo decirles algo: tengo la buena voluntad de seguir intentándolo.
Hoy entiendo que no se trata de hacerlo perfecto, sino de seguir trabajando en mí, de reconocer mis dependencias cuando aparecen, de buscar la ayuda de mi Poder Superior y de continuar caminando.
Tal vez nunca llegue el día en que pueda decir que estoy completamente libre de ellas, pero mientras tenga vida, quiero conservar la buena voluntad de seguir intentándolo hasta el último día de mi vida.
Muchas gracias.
Mi nombre es Dalí y soy neurótica.
En mi caso he vivido las dependencias a cosas y personas, soy dependiente al dinero y a las cosas que poseo, pues cuando no tengo dinero sufro porque me centro en lo que me hace falta y no en lo que sí tengo, y cuando tengo todo, sufro porque me da miedo de perder lo que ya gané con esfuerzo.
En cuanto a personas, a quien mas le tengo dependencia es a mi hija, cuando nació empecé a sentir mucho miedo de que alguien me la arrebatara o de que se me fuera a perder en la calle si yo me descuidaba tantito. Cuando su papá la llevaba al parque y yo por alguna situación no podía ir con ellos, me agustiaba porque creía que su papá se iba a huir con ella y nunca mas iba yo a volver a verla.
Hoy en día, quisiera poder decir que ese miedo ya lo superé, pero no, el miedo solo se transformó, hoy tengo miedo que la secuestren unos delincuentes, tengo miedo que se enferme y cuando se llega a enfermar, siento que me enfermo con ella y que la fuerza se me va a tal grado que no me sostienen las piernas.
Cuando ella sale por algún motivo (a divertirse con las amigas o a hacer tarea) yo sufro si no me responde el teléfono o los mensajes, la ansiedad que me produce pensar en que puedo perder a mi hija se puede traducir en sensaciones físicas como falta de aire o taquicardia, o en somatizaciones como dolor de cabeza, náuseas y mareo, por ese miedo tan grande que tengo de que algo le pueda pasar. Sé que llegar a este nivel de ansiedad de poder perderla es parte de mi enfermedad y el programa me ha ayudado a detectar que la enfermedad soy yo y no debo encerrarla en un nicho, comprendo que debo dejarla hacer su vida sin que mi enfermedad la enferme a ella también, sigo intentándolo cada día porque es algo que me cuesta mucho trabajo, la ventaja es que hoy tengo un grupo donde los compañeros me escuchan y me entienden.